LO QUE QUEDA

LO QUE QUEDA

Exhibición colectiva

23 nov. 2020 — 30 abr. 2021

VISTA DE SALA

obras

Las obras expuestas están en venta, 2007

Ivana Vollaro

Tinta sobre cartón
30 x 60 cm

Menú, 2014-2020

Ivana Vollaro

Esmalte sintético sobre chapa y madera
100 x 65 cm

Everything must go, 2011

Ivana Vollaro

Audio. 1’51”
Edición 1 de 5 + P.A

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Ivana Vollaro. Everything must go, 2011. Audio. 1’51” Edición 1 de 5 + P.A

Chacra de Elvira, 2013

Florencia Böhtlingk

Óleo sobre tela
160 x 200 cm

Las herramientas de Moisés, 2018

Gabriel Baggio

Cerámica esmaltada con lustre de oro
150 x 200 cm (medidas aproximadas)
Edición 1 de 3 + P.A

Sin título. Serie Naufragio , 2020

Leila Tschopp

Acrílico sobre tela
49,5 x 38 cm

Sin título. Serie Naufragio, 2020

Leila Tschopp

Acrílico sobre tela
40 x 40 cm

Sin título. Serie Interiores, 2020

Leila Tschopp

Acrílico sobre tela
40 x 48 cm

Sin título III. Serie relieves, 2019

Elena Loson

Grafito en polvo, agua y resina acrílica sobre papel
100 x 78 cm

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Sin título II. Serie relieves, 2019

Elena Loson

Grafito en polvo, agua y resina acrílica sobre papel
100 x 78 cm

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A to G. Serie Queer Noir, 2012

Martín Sichetti

Dibujo, lápiz de carbón y pastel negro sobre papel
30 x 40 cm

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Bruno. Serie Fatale, 2020

Martín Sichetti

Lápiz y pastel sobre papel
23 x 30 cm

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Lick. Serie Fatale, 2020

Martín Sichetti

Lápiz y pastel sobre papel
45,5 x 30 cm

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ÉL (NEGADOR), 2020

Martín Sichetti

Collage
50 x 25 cm

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Record, 2020

Martín Sichetti

Lápiz, pastel, dorado a la hoja y papel (collage) sobre papel
30 x 23 cm

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Secreto, 2019

Martín Sichetti

Video. 14”
Edición 2 de 3 + 2 P.A

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Máscara, 2018

Martín Sichetti

Video. 29”
Edición 1 de 3 + 2 P.A

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Cena Para Amante, 1972

Foto Estudio Luisita

Impresión giclee; Impreso en 2019
70 x 70 cm
Pieza única

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Hermanas Rojo. Maipo Super Star, 1973

Foto Estudio Luisita

Impresión giclée; Impreso en 2019
70 x 70 cm
Pieza única

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Maipo Super Star, 1973

Foto Estudio Luisita

Impresión giclée; Impreso en 2019
70 x 70 cm
Pieza única

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Ojo. Serie Traducciones, 2005

Leticia Obeid

Tinta sobre papel
29,7 x 21 cm

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Leti2. Serie Traducciones, 2005

Leticia Obeid

Tinta sobre papel
29,7 x 21 cm

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Trenza. Serie Traducciones, 2005

Leticia Obeid

Tinta sobre papel
29,7 x 21 cm

Notas sobre B, 2007

Leticia Obeid

Tinta sobre papel
29,7 x 21 cm

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Entusiasmando a la copista. Serie Letra de B, 2011

Leticia Obeid

Tinta sobre papel
21 x 29,7 cm

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Notas, 2010

Leticia Obeid

Video. 12’ 08”
Edición 2 de 5 + P.A.

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Fungus. Serie Fungus, 2014

Catalina Schliebener

Collage, grafito, tinta y serigrafía sobre papel
47,5 x 36 cm

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Fungus. Serie Fungus, 2014

Catalina Schliebener

Collage, grafito, tinta y serigrafía sobre papel
47,5 x 36 cm

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Fungus. Serie Fungus, 2014

Catalina Schliebener

Collage, grafito, tinta y serigrafía sobre papel
47,5 x 36 cm

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Fungus. Serie Fungus, 2014

Catalina Schliebener

Collage, grafito, tinta y serigrafía sobre papel
47,5 x 36 cm

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Still life , 2016

Sofia Quirno

Óleo y acrílico sobre tela
167 x 111 cm

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Montañés, 2017

Sofia Quirno

Tinta china, acrílico y lápiz graso sobre papel
160 x 100 cm

Duo, 2018

Gilda Picabea

Óleo sobre tela
65 x 150 cm

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Torsion en rojo, 2020

Gilda Picabea

Óleo sobre tela
65 x 100 cm

Sin título (melancolía), 2016

Diego Figueroa

Acrílico sobre papel
50 x 38 cm

Imborrable, 2020

Diego Figueroa

Acrílico sobre papel
25 x 35 cm

Magia y plomo, 2020

Diego Figueroa

Acrílico sobre papel
25 x 35 cm

Familia, 2020

Diego Figueroa

Acrílico sobre papel
25 x 35 cm

El secreto del fuego, 2020

Diego Figueroa

Acrílico sobre papel
25 x 35 cm

El cazador cazado, 2020

Diego Figueroa

Acrílico sobre papel
25 x 35 cm

El amor, 2020

Diego Figueroa

Acrílico sobre papel
25 x 35 cm

33. Serie Poemas para duendes en vertical, 2018

Dani Umpi

Collage sobre papel
46 x 32 cm

39. Serie Poemas para duendes en vertical, 2018

Dani Umpi

Collage sobre papel
46 x 32 cm

19. Serie Poemas para duendes en vertical, 2018

Dani Umpi

Collage sobre papel
46 x 32 cm

02. Serie Grandes poemas para duendes en vertical, 2019

Dani Umpi

Collage sobre papel
81,5 x 51 cm

TEXTO

LO QUE QUEDA

HACHE presenta Lo que queda, una exhibición de pinturas, fotografías, videos, cerámicas, collages y dibujos de trece artistas de la galería.

Lo que queda es el título que da nombre a la muestra y se configura a partir de la pregunta ineludible sobre el estado de las cosas y sobre la idea de proceso individual y colectivo en la vida contemporánea. ¿Cómo repercuten en lo colectivo los hábitos y jerarquías producidas en la microescala de la vida doméstica? ¿Cómo se tramita lo colectivo en el espacio íntimo?

Con obras de Gabriel Baggio (Buenos Aires, 1974), Florencia Böhtlingk (Buenos Aires, 1966), Diego Figueroa (Buenos Aires, 1975. Vive en Resistencia, Chaco), Foto Estudio Luisita (Luisa Escarria 1958 – 2019), Elena Loson (Rosario, 1980. Vive en Santiago de Chile), Leticia Obeid (Córdoba, 1975. Vive en Buenos Aires), Gilda Picabea (Buenos Aires, 1974), Sofía Quirno (Buenos Aires, 1978. Vive en New York), Catalina Schliebener (Santigo de Chile, 1980. Vive en New York), Martín Sichetti (Buenos Aires, 1973), Leila Tschopp (Buenos Aires, 1978), Dani Umpi (Tacuarembó, 1974. Vive entre Uruguay y Argentina) & Ivana Vollaro (Buenos Aires, 1971).

ARTISTAS

JURO QUE TODO ESTO SUCEDIÓ EN UN DÍA. OBRAS 2010-2024

JURO QUE TODO ESTO SUCEDIÓ EN UN DÍA. OBRAS 2010-2024

FLORENCIA BÖHTLINGK
CURADURÍA ALEJANDRA AGUADO

MALBA PUERTOS

20 SEP. 2025 — 8 MAR. 2026

VISTA DE SALA

OBRAS

Chacra del cerro, 2013

Florencia Böhtlingk

Óleo sobre tela
160 x 200 cm

Garzas violetas, 2013

Florencia Böhtlingk

Acrílico sobre tela
135 x 190 cm

Ofrenda Oxum, 2022

Florencia Böhtlingk

Acrílico y óleo sobre tela
95 x 122 cm

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La vida en la selva, 2010

Florencia Böhtlingk

Óleo sobre tela
140 x 140 cm

Treinta, 2022

Florencia Böhtlingk

Óleo sobre tela
200 x 150 cm

Caminata nocturna, 2014

Florencia Böhtlingk

Óleo sobre tela
92 x 76 cm

Las palabras son imágenes, 2020

Florencia Böhtlingk

Acrílico y óleo sobre tela
173 x 228 cm

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La campaña, 2019

Florencia Böhtlingk

Óleo sobre tela
230,5 x 171 cm

Mis hermanas tomando vino, 2012

Florencia Böhtlingk

Acrílico sobre tela
97 x 112 cm

Los grandes proyectos nocturnos, 2025

Florencia Böhtlingk

Óleo sobre tela
160 x 190 cm

Autorretrato, 2015

Florencia Böhtlingk

Óleo sobre tela
70 x 50 cm

Autorretrato 5, 2018

Florencia Böhtlingk

Óleo sobre tela
50 x 40 cm

Faivovich, 2013

Florencia Böhtlingk

Óleo sobre tela
120 x 88 cm

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Ceibo, 2013

Florencia Böhtlingk

Óleo sobre tela
82 x 48 cm

Mapa del paraje, 2024

Florencia Böhtlingk

Óleo sobre tela
160 x 180 cm

Pintando acuarelas, 2014

Florencia Böhtlingk

Acuarela sobre papel
49 x 34 cm

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Cerros, 2013

Florencia Böhtlingk

Acuarela sobre papel
40 x 32 cm

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Monte, Verano, 2014

Florencia Böhtlingk

Acuarela sobre papel
34 x 49 cm

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Garzas, 2014

Florencia Böhtlingk

Acuarela sobre papel
32 x 41 cm

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TEXTO

Florencia Böhtlingk
Juro que todo esto sucedió en un día
Obras 2010—2024

“Quiero contar todo, sin moverme”, escribió alguna vez en sus diarios Florencia Böhtlingk (Buenos Aires, 1966). Esta expresión del sentimiento de urgencia que la ha llevado a descifrar y registrar permanentemente la vida, impulsada por una capacidad de asombro y un afán pictórico inagotables, es uno de los ejes que hilvanan las más de noventa obras que forman parte de esta exposición. Producidas entre 2010 y 2024, acuarelas y pinturas ofrecen una visión panorámica de un estilo único que combina geometría y gestualidad, y en el cual se multiplican imágenes que funden el paisaje y los hábitos individuales y sociales para dar cuenta de la vida en la ciudad de Buenos Aires y la ribera del Río de la Plata, por un lado, y la selva misionera, por otro.

La obra de Böhtlingk es resultado de la fuerza con que la sedujeron tanto la pintura, cuyo encuentro ella describe como un “flechazo”, como la naturaleza, que a principios de los noventa la deslumbró cuando llegó con amigos a Misiones en busca de los Saltos del Moconá. El desafío, en ese momento, fue cómo plasmar una realidad que superaba las fantasías que hasta entonces había llevado a la tela, en las que extraños fragmentos vegetales yacían sobre fondos luminosos o en las que resonaba la idea de un paraíso perdido y, por eso, inexistente. Ante la vista irrefutable de la selva, sin embargo, el imperativo de capturar aquel paisaje resultaba frustrante. Fue la toma de conciencia de que la práctica pictórica podía separarse de la representación naturalista y buscar en sus propios códigos otro modo de ser fiel a lo real, lo que le permitió empezar con convicción el largo recorrido con el que nos encontramos hoy. Una aventura en la que abordar lo real puede ser, en palabras de la artista, pura fantasía.

Los motivos se hicieron presentes enseguida: la vista de los montes y el cielo triangular que se apoya entre las laderas, el zigzagueante camino de tierra roja y el salto de agua. Pronto, también, aparecieron quienes habitan ese territorio —las bandadas de pájaros, los vecinos, los amigos, la artista— y un nuevo entorno: las reservas frente al Río de la Plata y las islas del Delta, sus arroyos, sus rituales, y ella, junto a sus colegas, entregada, de nuevo sin moverse, a pintarlo todo. Con el color y el dibujo como disparadores, los elementos de sus obras fueron organizándose según un juego de encastre que, al anular la perspectiva y la jerarquía entre figuras, así como entre figuras y fondo, le permitieron ir acomodando sin distinción los materiales de la existencia diaria y llevar a cabo una contabilidad emocional de todo lo que la rodea.

Ese es el desafío desde entonces: que la pintura funcione como un reto plástico para descifrar la realidad, a la vez que como una crónica —costumbrista y cartográfica— de lo cotidiano, en la que este se revela como una sucesión de acontecimientos deslumbrantes, aunque no libre de tensiones. “Juro que todo esto sucedió en un día” no sólo es una afirmación que Böhtlingk pronuncia frente a los incrédulos, sino el testimonio de que el trabajo artístico, motivado por la insistencia y la emoción, puede ser una llave para descubrir, en lo habitual, lo particular y el infinito.

—Alejandra Aguado, Curadora

ARTISTA

FLORENCIA BÖHTLINGK

VERDE Y NEGRO

Verde y negro

FLORENCIA BÖHTLINGK
CURADURÍA SANTIAGO VILLANUEVA

12 ABR. — 8 JUL. 2022

VISTA DE SALA

Ph. Ignacio Iasparra

OBRAS

Luna llena en marzo, 2019

Florencia Böhtlingk

Acrílico y óleo sobre tela
180 x 235 cm

24M, 2019

Florencia Böhtlingk

Acrílico y óleo sobre tela
180 x 230 cm

Cupo laboral trans, 2019

Florencia Böhtlingk

Óleo sobre tela
121 x 111 cm

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8M 2021, 2021

Florencia Böhtlingk

Acrílico y óleo sobre tela
170 x 200 cm

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Las palabras son imágenes, 2020

Florencia Böhtlingk

Acrílico y óleo sobre tela
173 x 228 cm

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Plantas de los Dioses, 2022

Florencia Böhtlingk

Acrílico y óleo sobre tela
230 x 428 cm

Limbo, 2022

Florencia Böhtlingk

Acrílico y óleo sobre tela
97 x 74 cm

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Militancia, 2022

Florencia Böhtlingk

Acrílico y óleo sobre tela
96 x 121 cm

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Ofrenda Oxum, 2022

Florencia Böhtlingk

Acrílico y óleo sobre tela
95 x 122 cm

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VISTA de trastienda

Ph. Ignacio Iasparra

OBRAS trastienda

Bosque alegre, 2022

Florencia Böhtlingk

Acrílico y óleo sobre tela
157 x 197 cm

Pañuelo verde, 2022

Florencia Böhtlingk

Acrílico sobre tela
96 x 122 cm

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Pintando con hijos y amigos, 2013

Florencia Böhtlingk

Serigrafía
59 x 74 cm
Edición 3g de 40

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Selvita febrero, 2013

Florencia Böhtlingk

Serigrafía
80 x 97 cm
Edición 6 de 15

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Comiendo sandía en el río, 2015

Florencia Böhtlingk

Serigrafía
71 x 66 cm
Edición 8 de 20

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TEXTO

Una conversación entre Florencia Böhtlingk y Santiago Villanueva
Buenos Aires, verano 2022

Es enero, pero estamos entusiasmadxs. Hace tanto calor que pensamos por la mitad, no podemos terminar las oraciones, ni formular ideas muy claras, igual nos reunimos por Zoom. Ya conocemos las pinturas, ya las elegimos, pero dejamos margen, no queremos tener todo cerrado; preferimos mantener opciones abiertas para el montaje, que es el momento más divertido. Pensamos de nuevo cosas que pensamos antes, vuelven nombres y aparecen otros. Nos empachamos con un pequeño librito de Saer y lo usamos para orientarnos.

FLOR
Estoy en guerra con los ratones, me están invadiendo y no sé cómo defenderme, veneno no, por acá hay mucho pajarito. Laura Códega me dijo que pruebe hablarles y creo que lo voy a intentar. Pero volvamos a la muestra. Yo veía algo como una especie de cosa circular en eso del limbo, de escaparse de la esfera pública, para ir a reposar en la ribera; ese limbo que se me junta también con los cuentitos de Saer. Creo que la vivencia de la naturaleza es un poco abstracta en la literatura o, más bien, los personajes del cuento “Palo y hueso” están ahí al lado del río con las reverberaciones, el ruidito del agua, las hojas, todo eso te alcanza, no sé cómo explicarte. Por otra parte, pienso en la ribera como esa costa, ese yuyo de caraguatás y plantitas, la miasma originaria, que en realidad viene de Osvaldo Baigorria, que recorriendo la reserva me dijo: “Esta es la miasma originaria. Esa podredumbre de los charquitos de donde todo nace”. Como una especie de tufete entre todas esas cosas, pensaba.

SANTI
Lo que decís me recuerda el texto de Claudio Iglesias Cosa de gringos y el que había escrito para tu libro de acuarelas, donde ya aparece un poco eso. El tema de la frontera, que en el cuentito de Saer está en la definición de la palabra zona, y en algo de lo que charlábamos la otra vez, la cosa sin terminar, que en la acuarela es un a medio borrar.

FLOR
En Cosa de gringos se menciona en un momento el Bosque Alegre, un bosquecito por acá donde iba Prilidiano a caminar, y varias de las pinturas que hice el año pasado son de Bosque Alegre. Me llamó la atención cómo a una zona la recorren personas que se ven afectadas por ella. Un poco volví al paisaje sin humanos, sin anécdotas, también puede ser por el tema de la pandemia, el aislamiento, la no anécdota.

SANTI
El texto de Saer con la palabra zona es justamente el debate de dónde empieza algo y dónde termina, como la imposibilidad de definir los límites, y creo que en las pinturas que estamos pensando mostrar está muy contrastado algo de la ciudad y algo del paisaje, pero a la vez hay una indefinición entre una cosa y la otra. ¿Dónde está el límite de la ciudad? Porque a veces alguien dice: “vivo en una ciudad”, pero está más allá del límite donde termina. Entonces pensaba que el contraste entre las manifestaciones o las protestas y este paisaje más deshabitado pone en jaque la idea de dónde termina y dónde empieza cada cosa. Algo de la muestra tiene que ver con esa indefinición de qué es cada cosa.

FLOR
Uno de los personajes del cuento dice eso, que no existe algo como una zona porque es imposible saber dónde empieza y dónde acaba. Por eso me gusta pintar las ofrendas umbandas que encuentro en el río, porque traen un poco de África, atraviesan Brasil y se instalan en el Río de la Plata. Zona sobre zona sobre zona. Ahora que lo pienso, los cuadros también son como zonas. Quizás son zonas permitidas donde hasta el caos puede entrar; zonas aparentemente inofensivas, impunes, que funcionan por infiltración, como el paisaje y la militancia, qué casualidad. Se infiltran y emergen. Pensaba cómo unir las marchas y el paisaje con el tema de las zonas: son ecosistemas en un momento dado, en un lugar dado.

SANTI
En nuestro amigo Giambiagi, de quien siempre hablamos, como en Quiroga, aparece un vínculo con el paisaje, el irse a un lugar no como un aislamiento, sino como una postura. En eso pensaba, en esa relación del paisaje como una militancia. Esta es la primera vez que aparecen en tus pinturas estas aglomeraciones de texto y personas. Las pinturas de paisajes podrían ser múltiples zonas y tiempos. A la vez las marchas tienen un anclaje mucho más específico temporalmente, tienen una fecha y un lugar precisos.

FLOR
Las marchas también pueden ser zonas. 

SANTI
Está bueno pensar esto en relación a la marcha del aborto y cómo estaba dividido en dos el Congreso. Una mitad, plagada de color verde y la otra, plagada de color celeste. Había una cuestión territorial vinculada con el debate de ese momento, y era un paisaje completamente diferente el que observabas de un lado o del otro: dos zonas. La zona y el peligro. 

FLOR
Está el paisaje y los reclamos. Y la vivencia de ambos.

SANTI
El sol de ayer estaba naranja y todo el mundo decía: “este sol hermoso es consecuencia de la quema de los desmontes”.

FLOR
Ayer ese sol nos dejó mudos por un rato, la verdad.

SANTI
Me gusta cuando decís que la situación supera al papelito. En las marchas me parece que se produce un efecto parecido, estar en un momento político-histórico que también supera al papelito.

FLOR
Esta práctica de enfrentarme con un paisaje y tener que resolverlo es lo mismo que cuando estoy en una marcha y digo: “¿Cómo sería un cuadro de esta marcha?”. Entonces el paisaje es como una preparación para lo otro. En las marchas tenés esa multitud de sensaciones, el choripán, una nenita, el peinado raro de colores, las pancartas, todo en el mismo plano. Y en el paisaje, una montaña, un picaflor, todo en el mismo plano también. Cada vez me interesa más lo constructivo, que también es una esencia bastante rioplatense. No sé de dónde viene eso, capaz justamente del barro que todo se lo lleva, por eso esa manía constructiva.

SANTI
Sí, pensaba también la relación de lo constructivo en la generación de Torres García, que tuvo mucha escuela acá, y que trae algo más orgánico y organizado, pero también cómo reaparece en las imágenes de los setenta. Relaciono lo constructivo con ese muralismo más setentista de Sánchez y los muralistas platenses, también con Carpani. 

FLOR
Sí, un poco sí. Y ahí retomamos lo de crear un gusto, que impulsó Schiaffino y su generación, pero que hoy lo veo como una forma de academia de exclusión. Le pasó a Carpani que quedó mucho tiempo en el mal gusto. ¿Por qué, si era una emanación de cierta cosa nuestra? Como toda la pintura amazónica, que ni figuraba. Lo constructivo es un poco como un juego también, más mecánico si querés, más psicomágico. No tiene las exigencias de esa pintura narrativa o de perspectiva.

SANTI
En tus pinturas lo constructivo aparece más fuerte por las palabras. Pintar las marchas modifica el paisaje Misionero, hay una cosa de ida y vuelta.

FLOR
El primer cuadro de marchas fue el del 24M. Lo empecé a construir con las palabras que me habían cautivado; las anoté en el celular y arranqué el cuadro con eso. No a través de las personas, sino a través de esas proclamas de pancartas. En mi calidad de espectadora o de querido diario, como me decía Magda Jitrik que son estas pinturas.

SANTI
Hay algo del punto de vista del paisaje trasladado a las pinturas de marchas. No es una visión que uno tenga usualmente porque la experiencia dentro es mucho más caótica.

FLOR
Cuando ves un paisaje, nada sobresale, es como invisible, transparente, y un poco las marchas también tienen esa cualidad plana, una especie de trama.

SANTI
Lo constructivo también llega para dar esa idea de planitud.

FLOR
Es como que en lo constructivo no tenés que resolver problemas formales, simplemente vas construyendo…esto arriba de esto arriba de esto arriba de esto…no importa la jerarquía ni nada. De hecho, las palabras son como un descanso de toda la epopeya del paisaje. 

SANTI
Verde y negro, paisaje y militancia.

FLOR
Verde y negro. No puedo evitar pensar en el libro Rojo y Negro… ¿qué sería verde y negro? Quizás es el color del limbo… el follaje y la sombra. El limbo como toda esa corriente amazónica contra la cosa de la elaboración del gusto, más europea. 

SANTI
El limbo tiene como esa situación de poder salir o no también. Lo que pasa con Schiaffino es que se pone a sí mismo en una generación que logró sacar la pintura del limbo; pero el limbo también podría ser una cuestión eterna, casi completamente estática, no cambiante. La primera idea que uno tiene cuando ve un paisaje es una idea equívoca de quietud, de algo detenido. En cambio, las pinturas de las manifestaciones tienen esa idea de movimiento, casi sonoras.

FLOR
También, por otra parte, estos paisajes de la ribera son como situaciones que le interesan al que vive acá, en esta zona, junto al río. En un punto son cuadros aburridos. El limbo solo lo entendés dentro del limbo, es como un refugio. 

SANTI
Entonces las marchas son como limbos.

FLOR
¡Exacto! Me sacaste la palabra de la boca…

SANTI
Porque está esa idea de refugio, ribera, la marcha también como refugio o como limbo, esa situación de detenimiento…

FLOR
Es esa cosa donde se diluye la individualidad. De hecho, si lo pensamos, un paisaje es una experiencia algo colectiva, en un punto… Bueno, no sé qué te parece, siendo verano, la hora de la siesta y 40 grados a la sombra…

ARTISTA

Copiado y prestado

COPIADO Y PRESTADO

exhibición colectiva

10 may. — 2 AGO. 2024

obras

Emin. Serie Colección Rijksakademie, 2008

Lucas Di Pascuale

Tinta sobre papel
32 x 25 cm

Consultar

Rectángulo negro sobre blanco (exhumación), 2021

Gilda Picabea

Óleo sobre tela.
90,2 x 90,2 cm

Consultar

Dorian Gray. Autorretrato. Serie Personæ, 2022

Martín Sichetti

Lápiz y pastel sobre papel
100 x 60 cm

Consultar

Huevo objetivo, 2023

Sofía Quirno

Plástico, madera, pasta de papel y marcador
30 x 10 x 10 cm

Consultar

Amarillo. Serie Bolsas de ficción, 2023

Lucía Reissig

Bolsa de malla, hilo plástico, marco de hierro, Impresión Giclée, resina epoxy, espuma de poliuretano,
semilla de ciruela, piel de cebolla
67 x 50 cm

Una rosa, es una, 2010

Ivana Vollaro

Fotografía digital
28 x 49 cm

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Cazador guaraní, 2023

Florencia Böhtlingk

Óleo sobre tela
94 x 120 cm

Consultar

Bandera, 2016-2021

Diego Figueroa

Palo de madera, tapa y tacho de pintura de 20 litros, y látex sobre fragmento de chapa de fibrocemento
130 x 40 x 8 cm

Aída Carballo, libro de estampas, p.34. Serie Trabajos prácticos, 2020

Leticia Obeid

Tinta sobre papel
29,7 x 21 cm

Consultar

Sin título. Serie La ilusión, 2017

Leila Tschopp

Acrílico sobre tela
35 x 50 cm

La maza de Tony, 2015

Gabriel Baggio

Cerámica esmaltada con lustre de oro
20 x 10 cm

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Sin título, 2010

Dani Umpi

Lápiz sobre tela
60 x 50 cm

Sin título. Serie Piedras, 2023

Elena Loson

Tinta grafito y azul de Prusia, grafito en polvo y goma laca sobre papel
106 x 78 cm

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Growing Sideways, 2016 – 2017

Catalina Schliebener.

Objeto encontrado y acrílico
25 x 25 x 25 cm

Consultar

VER CATÁLOGO

TEXTO

Copiado y prestado en Hache galería presenta una selección de obras de 14 artistas que reflexionan críticamente sobre las dinámicas de copia, apropiación y citas en el arte contemporáneo. Esta exposición no solo exhibe la relevancia de estas prácticas en las artes visuales, sino que también las sitúa dentro de un marco más amplio de prácticas culturales y teóricas que cuestionan las nociones tradicionales de creación y autoría intelectual.

En la era de la información y la tecnología, donde la reproducción y la distribución de imágenes y textos son instantáneas y omnipresentes, la copia se transforma de un acto mecánico a una estrategia crítica que desafía las convenciones de autenticidad y originalidad. Lxs artistas en esta exhibición no solo replican o reutilizan elementos visuales, sino que los descontextualizan y recodifican, creando obras que son tanto reflexiones sobre la cultura contemporánea como nuevas creaciones en sí mismas.

La apropiación, por su parte, se convierte en un diálogo intertextual que atraviesa géneros y disciplinas, revelando la permeabilidad de las fronteras culturales y la interdependencia de las formas artísticas.

Al reconfigurar imágenes, textos y conceptos conocidos, las obras presentadas aquí invitan a lxs espectadorxs a reconsiderar qué significa ‘poseer’ una imagen o una idea, y cómo estas posesiones se negocian en el espacio público y cultural.

Finalmente, las citas artísticas en las obras seleccionadas funcionan como puentes entre diversas épocas y estéticas, facilitando un diálogo continuo entre el pasado y el presente. Esta práctica no solo enriquece la textura y la complejidad de las obras, sino que también subraya la continuidad y la evolución de las ideas artísticas a través del tiempo.

Copiado y prestado es una invitación a explorar cómo la copia, la apropiación y las citas constituyen herramientas esenciales para interrogar y comprender las prácticas artísticas contemporáneas. La exposición desafía a lxs visitantes a considerar estas operaciones como métodos críticos que reflejan y moldean la cultura visual en la que estamos inmersxs.

Artistas participantes:

Gabriel Baggio, Florencia Böhtlingk, Lucas Di Pascuale, Diego Figueroa, Elena Loson, Leticia Obeid, Gilda Picabea, Sofía Quirno, Lucía Reissig, Catalina Schliebener, Martín Sichetti, Leila Tschopp, Dani Umpi, Ivana Vollaro.

Durante la exposición, podrá accederse al acervo de obras de Santiago García Sáenz y al archivo de Foto Estudio Luisita.

artistas

GABRIEL BAGGIO
FLORENCIA BÖHTLINGK
DIEGO FIGUEROA
ELENA LOSON
LETICIA OBEID
LUCAS DI PASCUALE
GILDA PICABEA

Sofía Quirno
LUCÍA REISSIG
CATALINA SCHLIEBENER
MARTÍN SICHETTI
LEILA TSCHOPP
DANI UMPI
IVANA VOLLARo

LA VIDA

La vida

FLORENCIA BÖHTLINGK
curaduría Alejo Ponce de León

13 Mar. — 21 abr. 2018

VISTA DE SALA

Ph. Ignacio Iasparra

OBRAS

Colonia, restos de lemanjá, 2014

Florencia Böhtlingk

Óleo sobre tela
100 x 140 cm

Los Leite, 2017

Florencia Böhtlingk

Acuarela sobre papel
29 x 33 cm

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Visita Aníbal, 2015

Florencia Böhtlingk

Acrílico y óleo sobre tela
96 x 75 cm

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Galería, 2016

Florencia Böhtlingk

Acrílico y óleo sobre tela
110 x 98 cm

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Autorretrato, 2015

Florencia Böhtlingk

Pastel tiza sobre papel
63 x 48 cm

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Autorretrato, 2015

Florencia Böhtlingk

Técnica mixta sobre papel
63 x 48 cm

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Autorretrato, 2015

Florencia Böhtlingk

Óleo sobre tela
70 x 50 cm

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Autorretrato, 2018

Florencia Böhtlingk

Óleo sobre tela
51 x 35 cm

Aguaje El Durazno, 2017

Florencia Böhtlingk

Óleo sobre tela
123 x 100 cm

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Restos Umbanda en la orilla del rio, 2010

Florencia Böhtlingk

Óleo sobre tela
150 x 146 cm

Ofrendita umbanda, 2012

Florencia Böhtlingk

Óleo sobre tela
80 x 70 cm

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En el paraná, 2012

Florencia Böhtlingk

Acrílico sobre tela
100 x 120 cm

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Primer autorretrato, 2011

Florencia Böhtlingk

Acrílico y óleo sobre tela
130 x 130 cm

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Las Islas, 2015

Florencia Böhtlingk

Acrílico y óleo sobre tela
180 x 230 cm

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TEXTO

Los cuadros y la acuarela que se ven montadas en este espacio trabajan para debatir bases ideológicas, por eso la obra de Böhtlingk atrae indistintamente a pintores de oficio y a algunos pocos intelectuales preocupados y responsables. Del ínfimo número de pinturas raras que podemos ver en Buenos Aires, podríamos decir que estas son las más raras.

Sabemos que Böhtlingk tiene el don de lenguas y que su pintura trafica signos que por lo general no asociaríamos con Buenos Aires, ni con una época puntual, ni formalmente con sus colegas. Pienso en las monjas visionarias, en las más pintorescas, como la abadesa de Cubas de la Sagra, Juana de la Cruz, que durante sus éxtasis hablaba latín, francés, árabe y vasco. El problema con referenciar momentos de delirio visionario en esta obra consiste en que no hay ruptura dramática de ningún orden. La muestra se llama La vida por eso, porque lo raro que tiene esta obra es precisamente su tendencia a volverse una continuidad mundana y total, de pasar como las horas. De ser hermosa o de una complejidad infinita, como una migraña que se parece a la niebla.

Todo lo que es, dentro del arreglo social que definimos como arte contemporáneo (y en particular bajo la seccional de la pintura contemporánea), simplemente no está en estos cuadros, no tiene nada que ver con esta pintura. Negarse a mirar hacia adentro del aparato del arte para hacer arte es una de las disposiciones esenciales que organizan estos trabajos, pero no su razón de ser. Cuando en algún momento incierto de crisis Böhtlingk empieza “a pintar la vida” en lugar de, digamos, pintar cuadros, tuerce el cuello para mirar hacia afuera, para acercarse a las cosas que tenía enfrente: un bote, la muselina del sol cubriendo el ocre líquido del río. Este antagonismo no podría definirse como un reflejo reactivo ni como un exilio: las varias formas que toma esta pintura son el producto de estarse enfrentando continuamente y de manera exclusiva a la propia imagen que genera. El vicio clásico del autorretrato, por ejemplo, la pone frente a sí misma, y a la pintura la pone frente a la pintura. La ventana de su casa la pone frente a las cotorras, y la pintura la pone de nuevo frente a las cotorras y frente a la pintura. Así con sus amigos, con los libros que lee, con los barcos que ve pasar, con sus vecinos, con la sangre de un chancho degollado en una construcción de monte.

No podría hablarse entonces de un trabajo de depuración progresiva con el objetivo definido de la perfección pictórica, sino más bien de una charla permanente con el mundo y con el mundo que esta misma pintura devuelve. Una discusión interna sobre cómo ver siempre las mismas cosas, sobre cómo ver desde la ventana del taller a las garzas manchando de blanco y paciencia el paisaje todos los días. En ese sentido, es una pintura que sale de la experiencia y por eso es producto, también, de interpretarse a sí misma como fenómeno. Lo que hace Böhtlingk, lo que vuelve raros a estos cuadros (y a la solitaria acuarela), es su inclinación a no aceptar ninguna idea de naturalidad. Ni el arte de su país, ni sus códigos formales, ni su época; ni las anatomías, ni la inclemencia de las formas, ni su propio rostro.

Esta pintura es una bóveda para la vida, para toda su sustancia ordinaria, molecular, inacabable. Böhtlingk consiguió, con una fe extrañísima y un talento aún más raro, que la misma función se aplique también en sentido inverso, que la vida sea una bóveda para su pintura.

Alejo Ponce de León

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