LA INTENCIÓN DEL AIRE
GILDA PICABEA
CURADURÍA PATRICK GREANEY
HACHE
18 MAR. — 19 JUN. 2026
VISTA DE SALA
Ph. Ignacio Iasparra
obras
VISTA DE Trastienda
Ph. Ignacio Iasparra
OBRAS EN Trastienda
TEXTO
Más allá de la pintura
La intención del aire explora la capacidad de la pintura para abrazar el espacio a su alrededor. Esto se vuelve más evidente en los dípticos y en las pinturas cuyos laterales están pintados en un color distinto del blanco, pero ocurre en toda la obra de Gilda Picabea. Sus pinturas concentran fuerzas dentro de sus límites para transmitirla hacia los espacios y los cuerpos que las rodean.
Esta indagación se despliega junto con la investigación de largo aliento de Picabea sobre la frontalidad pictórica. En el díptico Cubo, por ejemplo, Picabea trabaja la relación entre dos lienzos, que se encuentran el uno con el otro a través de un ángulo, al mismo tiempo que se concentra en la capacidad de la pintura de oscilar entre la pura planimetría y la apariencia de profundidad. Cubo nos invita a ver un cubo pero también nos hace dudar y atender a las líneas y los planos que podrían componerlo. No podemos reducir la pintura a la forma en que la artista nos promete en el título y oculta en la obra. Nuestro fracaso es el éxito de Cubo. La pintura activa nuestros sentidos con tanta fuerza precisamente porque nuestra mente y nuestros ojos no pueden asentarse en una imagen.
Tras unos instantes frente a cualquier cuadro de Picabea, su aspecto minimalista se convierte en un espejismo que aparece y desaparece, alternándose con la intensa sensación de una obra que invoca múltiples recursos de la historia de la pintura. Sus superficies esconden y revelan una densidad compleja. Su deseo de explorar la extensión de la pintura hacia el aire puede realizarse porque la artista se interna profundamente en la historia y en la materialidad de la pintura. Lo dice en una de las notas que tomó durante la preparación de La intención del aire: Querer ir más allá de la pintura, es la pintura.
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Si todo lo que la pintura tiene para ofrecer es una imagen, puedo mirarla y pasar a otra cosa. Sigo scrolleando. Pero no puedo hacer eso, no quiero hacerlo cuando se trata de estas pinturas. Aquí, nada es un mero medio para un fin. Picabea ha suspendido esa relación opresiva. Cada aspecto de su pintura puede existir por sí mismo, al menos por un momento destellante: un instante utópico.
Mondrian es uno de los primeros en dedicarse a este tipo de operación que aparece en Cubo. En lugar de formar una imagen, el pintor holandés “devuelve incesantemente el ojo a los elementos constitutivos de la pintura: línea, color, superficie” (Hubert Damisch). Dado que ese retorno es una de las preocupaciones constantes de Picabea, tiene sentido que dedique tres obras a la Composition A de Mondrian, de 1920.
A primera vista, parece realizar una reducción ascética cuando recorta la obra de Mondrian en planos blancos y negros y contrae el color a cuadrados mínimos. Pero también percibo un contra-movimiento. La veo liberando algo que, de otro modo, podría permanecer latente en Mondrian. Esto se vuelve evidente cuando esas tres obras sobre un Mondrian se ubican en el contexto de la producción de Picabea de las últimas décadas y, en especial, cuando se comparan con sus trabajos en pastel tiza de comienzos de los 2000, algunos de los cuales pueden verse en la trastienda de Hache. Se asemejan a ovillos de lana, pero también a dibujos automáticos, informalistas, hechos de marcas puramente gestuales, no significantes. Hay aquí un exceso de materia y de energía. No hay manera de que Picabea pudiera haber agregado más pastel. En algunas obras de ese período, el papel está rasgado y abollado por la fuerza misma de la mano de la artista. Son momentos en los que la creación se inclina hacia la destrucción.
En La intención del aire veo la misma intensidad de color, la misma energía, la misma fisicalidad y el mismo uso exorbitante de los materiales, pero en una forma muy distinta. Cuando prestamos atención a esto, cuando vemos que la sobriedad de su trabajo reciente es, entre otras cosas, una manera de encauzar el poder de la pintura, entonces las obras de Picabea aparecen como zonas de máxima tensión. Desmontan el mito de la abstracción como fría y carente de drama; como un ejercicio puramente cerebral. Los pequeños planos de color en la pieza En él irradian con la misma intensidad que las obras tempranas en pastel y que las superficies monocromas de Concéntrica y Cóncava Convexa. Los puntos de En él son como átomos cuyos enlaces contienen fuerzas de gran magnitud. Como esos planos mínimos de color, el lienzo más pequeño de la exhibición, Más allá, de 18 × 15 centímetros, usa el color para ir mucho más lejos de lo que cabría esperar de una obra en una escala casi miniatura.
El encuentro con Mondrian es apenas uno de los muchos ejemplos del diálogo de décadas de esta artista con la historia de la pintura y, en particular, con la historia de la abstracción. Gilda Picabea revisita momentos de esas historias para activar su potencial no realizado y para permitirnos sentir los efectos desconcertantes y placenteros de una pintura que ha sido llevada hasta sus límites.
Patrick Greaney














