VIDA INTERIOR
SANTIAGO GARCÍA SÁENZ
CURADURÍA FRANCISCO LEMUS
HACHE
Buenos Aires, Argentina
7 JUL. — 9 OCT. 2026
VISTA DE SALA
Ph. Ignacio Iasparra
obras
Cristo Gaucho enfermo. Serie Cristo en los enfermos, 1995
Santiago García Sáenz
Óleo sobre tela
55 x 70 cm
Sin título. Serie Cristo en los enfermos, 1999
Santiago García Sáenz
Óleo sobre tela
24 x 30 cm
Autorretrato recibiendo la Primera Comunión, 1999
Santiago García Sáenz
Óleo sobre tela
50 x 60 cm
VISTA TRASTIENDA
Ph. Ignacio Iasparra
OBRAS TRASTIENDA
Secuencias visuales. Serie Secuencias, 1979
Santiago García Sáenz
Tinta sobre papel
34,3 x 48,7 cm
Sin título. Serie Secuencias, ca. 1979
Santiago García Sáenz
Tinta sobre papel
34,3 x 48,3 cm
Sin título. Serie Secuencias, ca. 1979
Santiago García Sáenz
Tinta sobre papel
34 x 48,4 cm
TEXTO
Santiago García Sáenz: Vida interior
Santiago García Sáenz (Buenos Aires, 1955-2006) fue uno de los pintores más singulares de su generación en Argentina. Sin embargo, su obra ocupa un lugar incómodo en la historia del arte de los años noventa. En una década en la que emergió la imagen queer y contemporánea, el artista eligió una pintura de contenido social y religioso. Vista en su momento como anacrónica, esa distancia no fue una limitación sino una posición espiritual y estética a la vez.
Para entender su obra es necesario dar cuenta de su vida: qué lo estimuló, qué preguntas, casi siempre existenciales, lo movilizaron. En 1988, el artista recibió su diagnóstico de VIH positivo. Ese acontecimiento marcó el rumbo de su imaginario: intensificó su catolicismo y orientó sus viajes por el Norte argentino, Bolivia, Paraguay, México y Ecuador, donde entró en contacto con las culturas del continente, sus cosmovisiones y su religiosidad popular. La conciencia de la finitud y la fe sostuvieron su obra.
Las series reunidas en esta exposición abarcan el núcleo de su producción: Te estoy buscando América (1986-1992), Cristo en los enfermos (1990-2003), Sufriendo la intolerancia (1994-1998) y Mártires (1997). En ellas conviven escenas de revelación mística, figuras masculinas, paisajes del continente y referencias a traumas colectivos, mediados siempre por el símbolo y la tradición. La luz suave, levemente incandescente, y las superficies veladas que evocan la pintura de siglos anteriores dan a su obra una temporalidad propia, ajena al ritmo acelerado de la época.
En el centro de esa búsqueda hay algo que su obra permite entender sin nombrar del todo. García Sáenz no enunció públicamente su homosexualidad ni su diagnóstico, pero sí los trasladó a la pintura. En la figura del mártir —un cuerpo sufriente, capaz de condensar dolor y deseo— encontró un lenguaje para cifrar lo que su vida no autorizaba a decir.
Esta exposición, organizada a veinte años de su fallecimiento, es una invitación a volver sobre una obra que aún hoy abre nuevas preguntas para el arte argentino y latinoamericano. Cómo articular espiritualidad y disidencia sexual, fe y cuerpo enfermo, devoción y crítica social, sin que ninguno de esos términos cancele al otro. Formas de una vida interior que, lejos de replegarse sobre sí misma, encontró en los otros su razón de ser.
Francisco Lemus
Julio de 2026





















