El nombre de alguien / VALERIA MAGGI
Fundación Esteban Lisa | Buenos Aires, Argentina / 10 de junio al 3 de julio, 2015

En un principio es el verbo, pero un verbo afónico, inerte, inmóvil. Habla en una superficie calcárea, que parece pétrea, enyesada, y el áspero regusto de ese muro revocado de polvo de tiza predispone espesamente el ánimo. Casi enseguida, se acostumbran los ojos a ese reseco encandilamiento y empiezan a hacerse distinguibles las sombras veladas, el blanco sobre el blanco, los esbozos de color desvaído. Alguna que otra tonalidad enfermiza, una humedad de amarillo pálido, un manchón de vino, un azul quemado en invernadero, persisten en una zona de pregnante materia desmayada. Ahí, tan cerca del ojo y tan lejos, un simulacro de matices primarios con aridez de hueso se fatiga en fondeados casi subliminales de elemental tosquedad, que han sido pintados como renunciando a hacerlo, y que se han vuelto a cubrir en un pentimento sin ornato ni misterio. La pintura de Valeria Maggi empieza como un borrón, un abandono prematuro. Y cuando ella persista en pintar será porque ya ha despintado antes. Una pintura exiliada, foránea de si misma, con la reluctancia como estética de base, como programa primario; una afirmación negativa, punto de partida sin lugar de llegada.
En el siguiente paso se moverá con pinceladas esqueléticas, crispadas, desplegadas en lineas decididas aunque con una cohesión corpórea temblequeante, y en segmentos, cuadrados y rectángulos blandos, modulados con una espesura precaria, provisoria. Los trazos, las subdivisiones básicas del plano, las descoyuntadas, ínfimas geometrías, se manifiestan con una incomodidad quebradiza para enviciar todo el planteo, e inculcarle aún más trauma a una espacialidad de por sí dubitativa y ambigua. Los segmentos se anexan, se resienten y desdoblan generando efectos de extraños, anèmicos volúmenes, entradas, salidas, y recorridos mínimos, con pistas falsas, cerrazones y pasadizos compositivos que parecen conducir el ojo a una lógica de errabundez gráfica y de ilusiones ópticas mal entrazadas, a la vez sostenida por la vibración en crudo del impacto cromático directo.
Valeria Maggi, o algo en ella, ha renunciado al mundo de un tipo de pintura sin haberse volcado decididamente al mundo de otra. Su estatuto es el tránsito monacal, el rechazo a la seducción, a la satisfacción formal;un esquelético diálogo de rudimentos revestidos de amagues, cambios de rumbo y disimulos que nos invita a una sintonía brumosa, cargada de grumos e interferencias, sin hacer ningun esfuerzo por gustarnos ni convencernos.

Eduardo Stupia
Mayo 2015


ph: Javier Agustín Rojas
ph: Javier Agustín Rojas
ph: Javier Agustín Rojas
ph: Javier Agustín Rojas
ph: Javier Agustín Rojas
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